Familia: Mama(mujer)+Papa(hombre)
  LA PEOR NEGACION SODOMITA: LA BIBLIA
 

Segun el sodomita: NO HAY CASTIGO DE DIOS PARA ESTA RAZA...

¿Existe una condena bíblica de la Homosexualidad?

Viernes, 22 de mayo de 2009

 

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Interesante documento que se nos da a conocer a través del Blog Homoprotestantes y que, de la misma forma, insertamos en la página DOCUMENTOS de nuestro Blog.

“Es cabalmente conocida la actitud de las principales Iglesias de nuestro país respecto a la homosexualidad. En la mayoría de los casos se argumenta que la homosexualidad es una conducta “antinatural” y condenable moralmente. Esta actitud tiene consecuencias legales y políticas graves, ya que impide el reconocimiento de derechos de las personas homosexuales.

Esta actitud, tan claramente homofóbica, no es homogénea internacionalmente. Es interesante el caso de las Iglesias Anglicanas de varios países donde se han homologado los derechos de sus miembros, sin consideración a su orientación sexual. Por este motivo hay importantes obispos anglicanos gay en Inglaterra, como mons. Jeffrey John, y en Estados Unidos, como mons. Gene Robinson. En el caso de las iglesias reformadas de origen calvinista, que no poseen obispos, se ha avanzado en la incorporación del rito matrimonial de personas homosexuales. Por ejemplo, la Iglesia Protestante de Holanda (PKN), la más grande en ese país, permite que cada comunidad local defina libremente si está abierta a este tipo de celebraciones o no.

Sin embargo en los países africanos y latinoamericanos esta apertura no ha ocurrido. Al contrario, se sigue afirmando que la homosexualidad es un pecado que es condenado en la Biblia. Este argumento ha vuelto a aparecer en Chile a la hora de debatir la ley de discriminación. Un grupo de Iglesias han afirmado, equivocamente, que esta ley les obligaría a aceptar miembros homosexuales en sus celebraciones y se cohartaría su libertad de expresión.

¿Es posible sostener, responsablemente, que la Biblia condene la homosexualidad? Las lecturas dominantes y tradicionales de la Biblia así lo sostienen. Sin embargo, los exégetas modernos cada vez rebaten con mayor fuerza estos planetamientos. Por ejemplo, el biblista John J. McNeill después de su clasico análisis bíblico sobre la homosexualidad concluyó:

“No parece haber una condena clara de tal relación en la Escritura: más aún, en tales circunstancias quizá pudiera admitirse que una relación homosexual satisface a los ideales positivos de las Sagradas Escrituras” .

Al mismo tiempo, se ha ganado conciencia de los anacrónico que resulta hacer decir a la Biblia algo que en su contexto original no se definía de la misma forma que en nuestros tiempos. La Rev. Dra. Mona West ha hecho ver que es muy difícil hacer que la Biblia se refiera a temas contemporáneos bajo sus categorías: “La palabra ‘homosexualidad’ es un término moderno y no existía en los tiempos bíblicos. Escritores bíblicos no tenían noción de la orientación sexual o el desarrollo sexual tal como lo entendemos los que hoy en día”.

Por este motivo, teólogos cristianos como el Rev. Elder Don Eastman afirman en la actualidad que “Un creciente número de eruditos bíblicos y teológicos ahora reconocen que la Escritura no condena las relaciones homosexuales amorosas y responsables. Por lo tanto, los hombres gay y las lesbianas deben ser aceptadas en las iglesias cristianas, y las relaciones homosexuales deberían ser celebradas y afirmas en su dignidad.”

Es posible repasar los argumentos bíblicos tradicionales y revisar si de ellos se desprende la condena a la homosexualidad en los términos que argumentan las Iglesias chilenas. En este análisis sigo el estudio de Alexandre Awi “¿Qué dice la Biblia sobre la homosexualidad?”, Licenciado en Teología por la Philosophisch – Theologische Hochschule de Vallendar, Alemania.

I. HOMOSEXUALIDAD EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
Existe un contexto general nos explica el temor a la homosexualidad masculina en el antiguo Israel:

a) Los hebreos valorizaban la fecundidad familiar, como una verdadera bendición de Dios. Esta percepción se entendía en una cultura en el que el número de Hijos representabaun claro indicador del poder económico, militar y político de una tribu. Es necesario, por lo tanto, comparar esta valoración con la realidad contemporánea, donde la falta de planificación familiar se asocia a empobrecimiento, dadas las características de la vida urbana moderna.

b) El otro motivo, quizá el principal, y que explica también por qué se desentendían de lo que ocurriera entre mujeres, era la sobrevaloración del rol social del varón, muy fuerte en un pueblo predominantemente patriarcal como era Israel.

c) Un tercer motivo está dado por el hecho de que egipcios y cananeos solían realizar actos de violación con los vencidos en el combate, a manera de burla y escarnio, por lo cual se consideraba denigrante esta práctica para los varones que habían de sufrirla pasivamente. De ello hay también un vestigio en la historia primitiva y extrabíblica de Noé, violado por su hijo Cam (Egipto), lo cual determinó que el patriarca maldijese a su nieto Canaán (las tribus palestinas), hijo o descendiente del mismo Cam.

Los textos veterotestamentarios tradicionalmente relacionados con la homosexualidad se pueden dividir en tres grupos:

a) El pecado de Sodoma: Gn 19, 1-29. Al analizarlo tendremos que hacer el paralelo con Jue 19, 22-30, que también tiene relación con nuestro tema. Estos textos aparecen como parte de la historia del pecado y de la alienación creciente del hombre.

b) Los “prostitutos sagrados“: Dt 23, 17; 1R 14, 24; 15, 12; 22, 46; Job 36, 14. Se trata de textos que condenan en primer lugar la sacralización pagana de la prostitución varonil, ocupándose, pues, de la homosexualidad ejercida en los lugares sagrados durante los cultos orgiásticos.

c) La prohibición del Levítico: Lv 18, 22; 20, 13

a. Sodoma.

¿Eran los habitantes de Sodoma homosexuales? La interpretación clásica de este relato se basa en el siguiente silogismo:

a) Dios les tiene repugnancia a todos los degenerados
b) Los degenerados de Gn 19 son unos homosexuales
c) Dios les tiene repugnancia a (todos) los homosexuales.

El mayor problema de este análisis lógico es que la premisa “b” es falsa. Para probar esto hay que estudiar este relato en un contexto literario más amplio. En concreto hay que relacionarlo con el capítulo 19 de Jueces, pues los dos relatos tienen bastante en común.

En los dos relatos se quiere violar al huésped, se “ofrecen” dos mujeres, y los hombres de la ciudad niegan la oferta. En el caso de Gn 19 negar la oferta de las dos vírgenes siempre se ha interpretado como expresión de la homosexualidad de los hombres de Sodoma. Pero debemos observar que también los hombres de Guibeá (Jue 19) niegan la oferta de dos mujeres: la hija virgen del anfitrión y la concubina del levita ( 9 ).

Por lo tanto los hombres de Guibeá tuvieron la misma actitud de los de Sodoma: querer tener relaciones con un hombre y rechazar la relación con una mujer. Si interpretamos esta actitud como movida por “deseos homosexuales”, tendríamos que decir, como se ha manifestado tradicionalmente, que aquellos serían igual de homosexuales que estos. Pero veamos los siguientes argumentos:

- Si las intenciones de los hombres de Guibeá hubiesen sido interpretadas como “deseos homosexuales”, ¿por qué al anfitrión y al levita no se les ocurrió sacrificar al criado del levita para satisfacer estas necesidades supuestamente tan específicas? El muchacho debe de haber estado allí, pues es mencionado en los vv. 3.11.12.19.

­ Tanto en Gn 19 como en Jue 19 se sugiere que una parte significativa de la población masculina participó del asalto. En Sodoma: todo el pueblo, ¡desde el más joven hasta el más viejo! (Gn 19, 4), y en Guibeá: “los hombres de la ciudad” (Jue 19, 22). Sería un absurdo pensar que una ciudad entera sea homosexual.

­Estos argumentos ganan más peso y se comprenden a partir de la siguiente explicación de Mieke Bal en el análisis del libro de Jueces: el fundamento de cualquier violación es el odio, no la preferencia o inclinación sexual. Recordemos que en las cárceles o en locales de tortura de nuestro país esta realidad ha sido cruelmente vivida por prisioneros violados por heterosexuales que hacen de este acto un ejercicio de violencia y poder que no tiene relación alguna con la homosexualidad.

Por eso es que muchas veces la violación “homosexual” es efectuada por “heterosexuales”. En el caso de Sodoma puede haber sido porque con esos dos mensajeros se rebasaba la cuota de extranjeros en la ciudad y las costumbres de Sodoma se veían amenazadas.

­Junto a esto hay que destacar que tanto los mensajeros de Dios de Gn 19 como el huésped del hombre de Guibeá, toleran que el anfitrión ofrezca a sus hijas como mercancía (en el caso de Jue 19 hasta la mujer del huésped) para sustituir a las “víctimas masculinas” en la cruel negociación. Esto se debe a que la amenaza de una violación sexual por seres del mismo género no cabe en la mente de un heterosexual hebreo y eso es justamente lo que los atacadores heterosexuales tanto de Sodoma como de Guibeá convierten en su arma más poderosa. Tanto es así que el levita no solo pasa por alto a su criado en las negociaciones, como ya hemos dicho, sino que además prefiere no comentar que casi fue víctima de un acto de ese tipo (cfr. Jue 20, 4-5).

Por todo lo dicho, tanto la premisa “b” mencionada al inicio es falsa como también lo es la conclusión “c”. De esta forma la tradición “invirtió el crimen cometido por violadores heterosexuales en crimen de homosexuales”.

El prestigioso investigador D. Sherwin Bailey, postula que el severo juicio condenatorio de la conducta homosexual, que es constante en la tradición cristiana, se funda sobre todo en una interpretación errónea de la historia de Sodoma y Gomorra.

El muestra que el pecado de Sodoma no fue la práctica homosexual entre varones, sino que consistió precisamente en su orgullosa impiedad, que la llevó a despreciar las sagradas leyes de la hospitalidad para con los extranjeros. En contraste con la hospitalidad de Abraham y de Lot, los habitantes de Sodoma quisieron “conocer” a los huéspedes de ese último. Pero aquí hay que aclarar que el término hebreo yadha (conocer) no significa la mayoría de las veces conocimiento carnal, sin más precisiones. Por eso aquí podría significar simplemente la intención de saber quiénes eran los recién llegados, con actitud desconfiada y hostil hacia ellos.

La afirmación de Bailey se ve reforzada y corroborada al estudiar los demás pasajes bíblicos que hablan de Sodoma:

a) Se alude a Sodoma como ejemplo de impiedad, orgullo y falta de hospitalidad, que mereció por esto el castigo divino, pero nunca en relación con la depravación sexual: Ez 16, 49-50; Sab 19, 13; Eclo 16, 8; etc.

b) El mismo Jesús se refiere al castigo de Sodoma en relación con la falta de hospitalidad que pueden encontrar sus discípulos: Lc 10, 10-13.

c) El NT nunca alude a Sodoma cuando reprueba las prácticas homosexuales.

Resumiendo, el pecado de Sodoma se cifra en la falta de hospitalidad y no en las prácticas homosexuales.

b. Los “prostitutos sagrados

Dt 23, 18: “No habrá hieródula entre los israelitas ni hieródulo entre los israelitas”.

1R 14, 24: “Hasta consagrados a la prostitución hubo en la tierra. Hicieron todas las abominaciones de las gentes que Yahveh había arrojado de delante de los israelitas”.

1R 15, 12: “Expulsó de la tierra a los consagrados a la prostitución y quitó todos los ídolos que sus padres habían hecho”.

1R 22, 47: “Barrió de la tierra a todos los consagrados a la prostitución, que habían quedado en el país en los días de Asá su padre”.

2Re 23, 7: “Derribó las casas de los consagrados a la prostitución que estaban en la Casa de Yahveh…”

Job 36, 14: “mueren en plena juventud, y su vida como la de los hieródulos”.

El Texto Masorético utiliza en todos estos casos el término qadesh, derivado de la raíz qdsh (= ser santo, consagrar). El vocablo aparece algunas veces más en el AT: Gn 38, 21-22; Os 4, 14. En todos los casos se trata de prostitución, efectuadas tanto por mujeres (Gn 38, 21-22; Dt 23, 18; Os 4, 14) como por hombres, tanto en un contexto “sagrado” como en un contexto “profano”.

Hoy sabemos que lLa prostitución masculina en general era cultual (cfr. Job 36, 14); y tampoco se deja ver con seguridad qué tan “homosexuales” fueron las prácticas de prostitución de los prostitutos. Según algunos autores, existen testimonios sobre la obligación de la mujer de dejarse desflorar por funcionarios de los santuarios fenicio-canaanitas. Por lo tanto también estos prostitutos eran seguramente forzados.

En conclusión la condena moral es enfocada a la prostitución, tanto con mujeres como con hombres. Especialmente porque se trata de la condenación de la prostitución idolátrica presente en los cultos paganos de las religiones vecinas a Israel.

 

c. La prohibición del Levítico

Lv 18,22: “No te acostarás con varón como con mujer; es abominación”.

Lv 20,13: “Si alguien se acuesta con varón como se hace con mujer, ambos han cometido abominación: morirán sin remedio; su sangre caerá sobre ellos”.

Se trata de textos bastante directos, los más explícitos a nivel del AT para condenar las prácticas homosexuales. Sin embargo, estos textos requieren ser encuadrados en su marco histórico-cultural. Se trata del ‘Código de Santidad’ de los judíos, que contiene sus austeras normas rituales del culto a Yahveh. En este contexto, se explica bien la prohibición de las orgías sagradas de los cananeos, ligadas a los ritos idolátricos de la fertilidad en honor de Astarté y de Baal.

“Los cananeos creían participar en el proceso primaveral de los campos por la comunión vital con sus dioses de ambos sexos, a través de la unión carnal con prostitutas y prostitutos consagrados a ellos en sus templos. Por eso los hebreos, ante cuyos asombrados ojos se desarrollaban estas fiestas rituales de los pueblos vecinos, asociaban espontáneamente los actos homosexuales a la más depravada idolatría. Hay que tener en cuenta el marco histórico-cultural de la religión cananea de la fertilidad.” .

Por este motivo el juicio moral a la homosexualidad contenido en las prohibiciones del Levítico son un rechazo cultual idolátrico, y no tanto una condenación a las relaciones homosexuales en cuanto contrarias a la naturaleza humana y a la voluntad de Dios, como se ha leído. Además, algunas otras observaciones deben hacernos relativizar la importancia dada a estas prohibiciones al interior del pueblo:

“Es preciso señalar que entre el número de leyes de todo tipo que encontramos en los cuatro últimos libros del Pentateuco solo encontramos dos relativas a la homosexualidad. En cuanto al castigo de pena de muerte, el mismo castigo estaba previsto para el adulterio, la bestialidad y el acostarse con una mujer durante el periodo de menstruación (Lv 20, 10.15.18)”.

 

II. HOMOSEXUALIDAD EN EL NUEVO TESTAMENTO
a. La moral según Jesucristo

Llama la atención la ausencia de cualquiera referencia a la homosexualidad en los evangelios, a pesar de referencias a ella en la literatura rabínica, lo que hace suponer que era una práctica conocida.

Jesús asumió, practicó y confirmó muchas de las prácticas de la tradición judía en la cual fue educado. Por otro lado, demostró mucha libertad frente a las costumbres de su pueblo, distanciándose de todo tipo de discriminación social y asumiendo con firme delicadeza la defensa de los marginados de su tiempo, como ilustran las historias de la mujer adúltera (Jn 8, 1-11) y de la mujer de mala fama (Lc 7, 36-50), cuyos delitos estaban precisamente en el área sexual. Sin embargo, ni para atacarlos ni para defenderlos Jesús se refirió a los homosexuales. Sobre varios asuntos de orden sexual habló Jesús. Matrimonio, adulterio y divorcio fueron temas de importantes discursos realistas y a veces innovadores, hasta revolucionarios. Pero sobre la homosexualidad, ni una palabra.

La gran novedad que el Nuevo Testamento incorpora en el plano moral es la ruptura con los criterios legalistas sostenidos por la tradición farisaica. Un ejemplo pertinente a nuestro estudio lo encontramos en Jn. 8, 1 -11. Se trata de un texto en el que Jesús es conminado a

legitimar la lapidación de una mujer adúltera. El argumento de los fariseos y escribas que le presentan el caso es: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?”. En esta

acusación se oculta un engaño, ya que el fundamento legal que sostiene este procedimiento es diferente al expuesto por los acusadores: en Deuteronomio 22,22 -24, y de acuerdo a la ley del Talión, se estipula que “tanto la mujer como el varón, los dos tienen que morir”.

La actitud de Jesús rompe con la lógica universalista de los fariseos para proponer una solución contextualizada: “El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra”. La respuesta ofrecida no niega la falta de mujer (Vete, no peques más en adelante), pero la circunscribe a un contexto social en el cual los acusadores son puestos en entredicho: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha condenado?”

Comentando este texto Judith van Osdol afirma: “al agacharse Jesús se pone al lado y a la misma altura que ella, al mismo nivel, como ella está agachada en el polvo, tratando de protegerse de las piedras que vendrán. Y Jesús dice con su cuerpo si la matan a ella primero deben pasar por mi cuerpo, protegía a la mujer con su propio ser; segundo cuando Jesús se agacha asume físicamente el rol y el lugar físico del varón culpable, adúltero que por ley debería estar presente en el escenario y no está, no asume esta posición. Jesús, tanto en este texto como en la cruz, asume la posición del culpable, cuando es inocente, de hecho sabe en carne propia la consecuencia del pecado que en la cruz perdona también con cuerpo propio.

Al estar al lado de ella Jesús no está condonando el acto de adulterio, el adulterio sigue siendo un pecado, y sigue estando fuera de la Voluntad de Dios; Jesús acá no condona el adulterio sino que reconoce en la práctica de la ley que es la mujer que lleva la culpa, la

carga, la condena y el castigo, y el hombre sigue impune. Al agacharse a su lado no dice que lo que hizo fuese correcto, sino que ella no debería morir por eso. “15 Desde la palabra y la práctica de Jesús se hace evidente que su marco de análisis moral parte de la situación misma a la que se enfrenta.

Como afirma Dietrich Bonhoeffer, en relación a la ética propuesta por Jesucristo: “Por consiguiente, su proceder no está establecido de antemano y de una vez por todas, es decir, a modo de principio, sino que surge con la situación dada. No dispone de principio alguno absolutamente válido, que tendría que poner en práctica fanáticamente contra toda oposición de la realidad, sino que trata de captar y de hacer lo que es necesario, “mandado “, en la situación dada”

 

b. Los escritos paulinos

Durante sus viajes apostólicos por Grecia, Pablo pudo comprobar hasta qué punto estaban extendidas en el mundo pagano las prácticas homosexuales. Son tres los textos que hacen referencia directa a nuestro tema.

a) 1 Cor 6, 9-10: “…Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados (malakoí), ni los homosexuales (arsenokoítai)… heredarán el Reino de Dios”.

Esta versión, presentada por la Biblia de Jerusalén, es inexacta y equívoca. Las traducciones de la Biblia que no interpretan bien los términos griegos usados en este versículo. El término malakós no se refiere directamente a la homosexualidad, aunque tampoco la excluye. Significa más bien el hombre de carácter muelle, libertino o licencioso, gente suave, blanda; por lo tanto, tampoco necesariamente “afeminados”.

Los arsenokoítai, en cambio, son literalmente aquellos hombres que mantienen relaciones carnales con otros hombres, a través del coito anal. Sin embargo, traducirla directamente por homosexuales es un error pues tendería a excluir de la salvación (del Reino de Dios) a todos cuanto participan de la condición homosexual por su estructura psicológica, incluso cuando observan una conducta moral irreprochable. De hecho, en Moral es importante distinguir entre la mera condición homosexual, como orientación psíquica fundamental, y la práctica homosexual, como conducta ocasional o hábito adquirido, como veremos más adelante.

Sin embargo, arsenokoítai con toda probabilidad designa aquí directamente a los concubinos o prostitutos, tal vez en relación con los cultos paganos de Corinto. De aquí surge la pregunta: ¿se refiere Pablo solo a ellos o a todos los que realizan prácticas homosexuales? Es decir, este texto parece no ser decisivo para la condena indiscriminada de toda relación homosexual.

b) 1 Tim 1, 9-11: “Teniendo bien presente que la ley no ha sido instituida para el justo, sino para los prevaricadores y rebeldes, para los impíos y pecadores,…, adúlteros, homosexuales (arsenokoítai), traficantes de seres humanos,…”

Vuelve a aparecer la palabra arsenokoítai, dentro de un contexto en el que se describe el caótico panorama moral de la sociedad helenístico-romana. Valen aquí las mismas observaciones que recién hicimos sobre el empleo de esta expresión.

c) Rom 1, 26-27: “Por eso los entregó Dios a pasiones infames; pues sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza; igualmente los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrasaron en deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre, recibiendo en sí mismos el pago merecido de su extravío”.

Mirando el contexto en que aparecen estos versículos constatamos que Pablo expresa aquí su convicción, de acuerdo con la tradición levítica y con la experiencia secular del pueblo judío, de que la verdadera causa de la depravación homosexual se encuentra en la idolatría (cfr. v. 25: “a ellos que… adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador”. Lo mismo en los vv. 21-24 del mismo capítulo). Por no haber dado culto al verdadero Dios sino a los ídolos, Dios mismo abandonó a los gentiles a sus infames pasiones. Es decir, la perversión moral en la línea horizontal (relación de los seres humanos entre sí) es consecuencia directa de la perversión moral en línea vertical (relación con Dios).

Es importante destacar que nos encontramos aquí ante la única posible alusión a la homosexualidad femenina en toda la Biblia: “Sus mujeres invirtieron sus relaciones naturales por otras contra la naturaleza”. El paralelo que sigue (“los hombres, abandonando el uso natural de la mujer”) llevaría a sobrentender anteriormente “las mujeres, abandonando las relaciones naturales con el hombre”. Sin embargo, es posible que la palabra implícita fuera “con el cuerpo”, en cuyo caso las relaciones antinaturales con este se referirían a posturas antinaturales en el acto sexual. Diversos autores clásicos consideran “natural” el coito en que la mujer está debajo, lo que cuadraría perfectamente con el postulado básico de Pablo: la subordinación de la mujer al hombre (cfr. 1 Cor 11, 3ss).

Otro aspecto importante del texto: Pablo considera los actos homosexuales “para physin”. La dificultad radica en el sentido que se dé a “contra la naturaleza”. En general nos vienen de inmediato nuestras categorías aristotélico-tomistas, pero el tema no es tan sencillo. Mc Neill propone a manera de preguntas varias posibles interpretaciones: ¿será la naturaleza humana como la entendían los estoicos, o en cuanto vinculada a la herencia religiosa y cultural, o se referirá al pagano individual que va más allá de sus propios apetitos sexuales para entregarse a nuevos placeres carnales?.

“El concepto de naturaleza humana usado quizás con prodigalidad por los manuales de teología moral, es muy complejo, por no decir ambiguo. Por eso se usa hoy de manera restringida y cautelosa”.

En su estudio Mc Neill llega a dos conclusiones que debemos destacar:

a) El “uso natural del sexo”, al que se refiere Pablo en su carta a los Romanos, no hace alusión a ninguna naturaleza ontológica o esencial, lo cual sería extraño por completo al pensamiento semita, sino a las costumbres naturales o corrientes.

b) Los actos homosexuales que condena Pablo no son practicados por verdaderos homosexuales, sino por heterosexuales que podrían actuar según su inclinación natural. Es decir, estos textos no estarían condenando a los “verdaderos” homosexuales.

Conclusión.
Si bien es cierto que la Biblia fue escrita en el contexto de una cultura patriarcal el mensaje yla historia que contienen es sobre todo sobre el amor incondicional de Dios en Cristo. Por eso se trata de un texto que puede ser una fuente de salvación para las personas homosexuales de hoy.

Una verdadera comunidad cristiana, tal como lo señala la escritura debería ser incluyente y abarcar a todos y todas sin excepción, a viudas sin hijos, prostitutas, marginados, célibes, personas casadas, eunucos, negros, Judios y gentiles. Quienes fueron excluidos previamente ahora debráin encontrar allí espacio para el cumplimiento de la promesa de Isaías 56: “Mi casa será llamada casa de oración para todos”.

La tradición bíblica es una fuente viva que afirma la libertad de conciencia y de discernimiento de espíritus. Estas antiguas enseñanzas de la iglesia cristiana tienen una actualidad especial para lesbianas y gays que luchan por liberarse de todas las autoridades homofóbicas para llegar a tratar con Dios en forma directa y personal.
Por este motivo, el proceso de reconocimiento de derechos a las personas homosexuales debería ser visto por los ccristianos como un camino animado por el Espíritu que permitirá a todos y todas alcanzar la vida gloriosa de los hijos de Dios y experimentar su amor en toda su plenitud.

Alvaro Ramis

Investigador del Centro Ecuménico Diego de Medellín”

 
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